sábado, 20 de octubre de 2012



Don escondido

Tenía la mirada perdida, expresaba temor y a la vez amenaza, caminaba de un lado a otro cogiendo un trapo, acompañada de su perro Popy, y hablaba sola.
Se llama Luisa, es de estatura baja, su peso es mayor al que corresponde su edad, su cabeza y cara es redonda, tiene Síndrome de Down y  vive en el distrito de la Perla- Callao. No son muchas las personas que se acercan, por temor a que Luisa tenga una reacción tosca, pero en el fondo, sólo busca comprensión y amistad.
Su madre muy joven,  sentada en el parque, trataba que juegue con cuidado, Luisa no hacía caso, luego se sentó al costado de ella y  escuchaba como le contaba sobre  un muchacho llamado Esteban,  decía que era su enamorado y que en ese momento estaba jugando con él. Me imaginé que era su amigo imaginario, común de los niños. La madre se ríe y Luisa le cuenta lo mismo pero a su perro Popy, este le mueve la cola.
Comienza a gritar muy eufórica, pero cada vez el sonido de su voz era más fuerte y a la vez se volvía melodiosa, la madre solo miraba. Sin embargo, yo quedaba anonadada, deje de leer para escucharla cantar, fue repentino como la voz de ella cambiaba. Mientras que la madre solo cerraba los ojos y movía las manos al compás del sonido, Luisa seguía demostrando ese don que Dios le había dado. Al principio daba un poco de temor, ver la actitud de quienes parecían dos locas, una cantando y la otra solo moviendo las manos.
Comprendí que su manera de tener un momento de felicidad es encontrándose ellas mismos, ser como son. Ese mismo día en la noche me enteré que la mujer que acompañaba a Luisa, no era su madre, era una joven que tenía problemas  mentales, y que Luisa siempre sale de su casa para conversar con ella acompañada de Popy.
Aunque nadie sabe con certeza la razón por la que el Síndrome de Down ocurre y aunque no hay forma de evitar el error de cromosomas que lo ocasiona,  pueden ser tratados y existen recursos comunitarios para ayudar a los niños(as) y a las familias que padecen esta condición, algunos de ellos demuestran esos talentos que tienen escondidos, pero no son apoyados, Dios le da un don a cada persona para que ayuden ser feliz a alguien más, como el caso de Luisa.
Cuando  terminó de cantar su perro saltó y comenzó a lamer le la cara, mientras que la otra mujer aplaudía; escuché que una señora decía: “hay gente loca en cada lugar”. Era tierno ver la expresión de felicidad de las dos; luego agarradas de la mano se retiraron del parque.

No hay comentarios:

Publicar un comentario